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La Guerra Santa – Parte y 3 – Leo Strauss

Martes, 31 de mayo de 2011 Dejar un comentario Ir a comentarios

Siete años antes que Sayyid Qutb naciese en Musha, un pueblo a orillas del curso medio del Nilo, nacía Leo Strauss en la localidad de Kirchhain en Alemania, unos cincuenta kilómetros al norte de Frankfurt. Ambos son los filósofos más importantes del siglo XX, no por sus ideas o credenciales académicas, pero si por la poderosa influencia que su pensamiento ha tenido sobre la actual situación de enfrentamiento entre los Estados Unidos y el Mundo Islámico.

Digamos que Leo Strauss es el Sayyid Qutb de Norteamérica.

Así como la religión cristiana es una religión de contemplación y la musulmana una de acción: la religión judía es de erudición. No es de extrañar, por lo tanto,  que la gran mayoría de los eruditos de este mundo sean judíos. Por otra parte la precisión del lenguaje alemán (tienen un sustantivo y un verbo para exactamente cada cosa) les permite adentrarse en ese oscuro mundo autorreferente que es la filosofía. Esto no va a ser la excepción en el caso de Strauss. Fue discípulo de Heidegger y de su filosofía de “Sein und Zeit”, algo así como “somos” lo que “hacemos”. También fue un entusiasta de Nietzche, el padre del cinismo político y del desprecio por las masas ignorantes. Se convirtió en una autoridad sobre Aristóteles, el creador de la lógica. Es decir: dele a una persona una serie de premisas “apropiadas” y ellos alcanzarán la conclusión “lógica” y lo que es más importante; pensarán que se les ocurrió  a ellos.

Sayid Qutb también recibió una educación sofisticada, pero al estilo Egipcio de principios del siglo XX. Asistió al Colegio Británico en El Cairo, donde desarrolló una especial aversión a las escuelas coránicas regentadas por imanes y centradas exclusivamente en lo religioso, que era la forma común de escolarización egipcia de la época. Durante esos años comenzó a entender cómo funcionaban los mecanismos de dominación en su tierra, pero a la vez no podía substraerse a la fascinación que le producía la belleza artística de los textos del Corán. Antes que nada él era un artista, un escritor. Lo británico es lo que funciona pero nos oprime y el Corán es bello pero nos mantiene ignorantes. Atrapado en esa dicotomía en 1939 entra a trabajar como funcionario del ministerio de educación egipcio (el que mantiene y alienta a las escuelas islámicas), para comenzar su particular batalla por liberar a su pueblo de tanta ignorancia.

Un año antes, Leo Strauss se ve obligado a emigrar a los Estados Unidos debido a la persecución  Nazi. Da clases en escuelas de Nueva York, para finalmente ser admitido como profesor universitario en la Universidad de Chicago, aquí desarrolló la parte central de su carrera. Finalmente fue profesor en la universidad de Stanford.

Qutb llegó a los Estados Unidos catorce años después que Strauss, pero ambos vieron lo mismo. Ambos percibieron una sociedad en decadencia, banal, donde sus habitantes se dedicaban exclusivamente a proveerse de todo tipo de placeres materiales terrenales, donde la moral y los valores espirituales no tenían cabida, donde el individualismo campa a sus anchas, donde los hijos no respetan a los padres, donde la mujer es una descarada. Todo esto choca frontalmente con la rígida educación familiar Alemano-Judía de Strauss y con el bagaje de colegio británico donde se pega a los niños, combinado con la pétrea moral coránica de Qutb.

Ambos alcanzaron la misma conclusión: “Una sociedad dejada a su libre albedrío, degenerará en un mar de individualismo y hedonismo, compuesta por unos seres  gilipollas (evidentemente no utilizaron este término pero es bien ilustrativo de lo que pensaban) que no merecen la condición de ser humano”. Ambos se horrorizan al ver lo que a su juicio le sucede al ser humano cuando es “libre” y ambos formularon la misma solución: “En toda sociedad debe de haber un principio superior que la aglutine para que no se atomice en un mar de banalidad”. Banalidad según ellos, claro.

Aquí los cursos de acción se separan:  Qutb sigue el camino del Islam como fuerza aglutinadora de la sociedad que pretende salvar y Strauss un camino no menos oscuro adaptado a su formación filosófica y de vida.

Así como el pensamiento de Qutb se va radicalizando con los años, el de Strauss también. Ambos llegaron a ser muy extremistas y muy influyentes, combinación peligrosa donde exista. El pensamiento de Strauss se vio muy dominado por Nietszche, Alexander Kojève a quien conoció personalmente en París, por Trasímaco y Al-Farabi descubiertos en sus estudios Aristotélicos.

Según Strauss, el origen de la sociedad es la esclavización del siervo por el amo. El amo accede a la condición humana y deja de ser un animal al ser capaz de arriesgar su vida, la única que tiene, en la consecución de la puesta del siervo a su servicio. El amo “manda” porque no teme a la muerte, o la teme menos que el siervo. El amo es capaz de elevar su ego expresado en sus ansias de poder y reconocimiento, por encima de su instinto de conservación y en clara violación de los principios naturales. Eso le hace dejar de ser un animal para hacerle humano. En pocas palabras mientras más violento más humano. Esta es la definición de “ser humano” que hace Kojève, y esa es su “realidad-real” de la condición humana: la dominación del débil que teme por su vida por el fuerte que no teme por ella.

El resto de la sociedad se deriva de lo anterior: la justicia no existe, las leyes las hacen los fuertes y los débiles siempre estarán sometidos (Platón, Trasímaco). Las inmensas masas de humanos-siervos no podrían soportar el visualizar crudamente su indigna condición de corbardes y de sometidos humillados e impotentes.  Por lo que se inventan construcciones ideológicas que les permitan, de alguna forma, transitar por este infierno. Este es el papel de las religiones, la moral, la tradición, el respeto a la autoridad, los “valores”, el patriotismo. Estos elementos pretenden proveer de cierta dignidad artificial a quienes no la tienen, a quienes no han sido capaces de “ser valientes” y arriesgar su vida por su ego. Entonces las “nobles mentiras”, esas verdades adornadas de mentiras, se hacen necesarias (Platón).

Los dominadores también necesitan de estas mismas ideas. Esto les legitima sobre todo ante sí mismos, les permite pensar en que tienen “derecho a…”, en que son “mas” inteligentes, mejor preparados, más competitivos, etc. En realidad se trata de pura y simple violencia y de quien se atreve a ejercerla y quién no.

Esta es “la verdad verdadera” de Strauss, la verdad que solo unos pocos pueden mirar de frente, la verdad de la que casi todos intentan huir, ¿pero huir hacia donde?, si la verdadera naturaleza humana es precisamente eso: la violencia, mi vida antes que mi ego.

Strauss enseñaba a sus discípulos él como la humanidad se divide en tres clases. Los “sabios” son aquellos que pueden mirar esta realidad sin ambages y sin que les tiemble el pulso, es decir: Strauss y su élite. Los “gentiles” son todos aquellos que creen en las mentiras útiles que necesitan los dominados para sobrevivir y las diseminan: políticos, sacerdotes religiosos, moralistas, militares henchidos de fervor patrio, maestros. Luego tenemos al “vulgo” quien solo está interesado en el placer, el poder, el dinero y en disimular su indigna condición.

Es por esto que la sociedad necesita de “ideas de orden superior” que le permitan permanecer cohesionada en medio de la violencia. En el caso de los Estados Unidos estas no son la religión (a nadie le interesa), ni la raza (hay gente de todas partes) , ni los valores tradicionales (demasiado individualismo). Según Strauss el valor que aglutina  al pueblo norteamericano es  la idea de que son un pueblo predestinado, elegido por Dios y de alguna forma moralmente superior al resto. Su misión patriótica es la de llevar el bien al planeta. Digamos que el pueblo norteamericano es el regalo de dios al mundo y su mandato es hacer “el bien”.

Las ideas straussianas plantean la sociedad exactamente en los mismo términos que la sociedad egipcia, azteca o maya. Una cúspide de grandes sacerdotes conocedores de la verdad-verdadera e indiscutible quienes son los encargados de crear la teología de moda, llámese culto a Atón, Amón, Mithra, Jesús, el libre mercado o la democracia. Luego una serie de personajes encargados de transmitir y acuñar estos valores utilizando la fuerza si es necesario: faraones, políticos, presidentes, curas, generales, congresos, predicadores, maestros de escuela, publicistas, consejos de administración, escribanos, etc. Y abajo el “vulgo” compuesto por siervos y vulgares mercaderes que solo persiguen placeres mundanos, son cobardes y se venden barato.

Todo esto no sería más que un ejercicio académico y no haber llegado más que a llenar las páginas de algún un arcano tratado de filosofía de no ser porque estas ideas prendieron como pólvora entre los discípulos de Strauss. Llegaron a formar una especie de culto donde “la verdad” era transmitida no mediante libros, sino mediante el contacto personal alumno- profesor. Insignes e influyentes profesores como  Harry Jaffa, Allan Bloom, Martin Diamond, Walter Berns, Thomas West y Herbert Storing salidos de la primera hornada diseminaron el credo a lo largo y ancho de las universidades norteamericanas y forman el núcleo ideológico de esa forma de pensar que en los Estados Unidos lleva cincuenta años cocinándose y que hoy se conoce como neocon.

El objetivo formal de cara al “vulgo” es el de utilizar cualquier medio para “diseminar el bien y la democracia” al resto del planeta ya que es un mandato de Dios y nuestra superioridad moral nos obliga. El objetivo de los “gentiles” es el de quedarse con los recursos naturales y los mercados de otros. El objetivo de “los sacerdotes” es mantener la sociedad cohesionada en torno a estas ideas. La verdad-verdadera según Strauss es que guerreo porque puedo, porque me gusta, porque me da el subidón, porque yo soy valiente y tú un cobarde y eso me hace sentir superior,

Este es el sentido del constante guerreo de los Estados Unidos en los últimos cincuenta años, la guerra es un muy buen cohesionador. No hay nada que una más a las personas que ser cómplices en un crimen. Hace cuatro mil años los antiguos egipcios invadían Siria, Mesopotamia y alguna que otra isla griega para extender el mensaje de Atón, hoy lo hacen los norteamericanos para extender el libre mercado, el capitalismo  y la democracia. Tanto Atón como el libre mercado como la democracia no existen. Son solo ideas que cohesionan a una población tras un objetivo común. El mismo Strauss lo decía: “lo ideal sería una eterna guerra de baja intensidad”. Los mismos norteamericanos no han apoyado según qué guerra no por ser una monstruosidad, sino porque no estaban ganando rápido como se pensaba en un comienzo y esto ya “nos” está costando muchas vidas.

Es como en los deportes de masas: la población se siente ganadora y unida entre sí y a su equipo sin haber hecho el menor esfuerzo físico, sin haber entrenado, sin tener destreza para jugar al futbol ni condición física alguna. Sienten que ganan sin haber jugado. Strauss aplica el mismo concepto a la guerra: el vulgo siente que es valiente, siente que son ellos los valientes que arriesgan sus vidas y vencen al enemigo.  En realidad son solo unos sometidos, unos esclavos cobardes viviendo una vida indigna mientras se creen héroes al ver la guerra por la tele. Esta es una explicación bastante plausible de por qué los Estadounidenses aceptan el no tener una sanidad pública y gastar ese dinero en inmensos ejércitos y constantes guerras.

Descripción más triste de la condición humana pocas debe de haber.

Qutb y Strauss, los Estados Unidos y el mundo Arabe son dos caras de la misma moneda. Los sacerdotes de uno y otro lado, previo adoctrinamiento de sus gentiles, envían al vulgo a matarse los unos a los otros por unas supuestas ideas que son las verdaderas. Cada uno cree que en sus manos tiene la salvación de la sociedad cuando en realidad lo que ocurre es que sus respectivas élites sacerdotales utilizan ideologías desarrolladas por ellos mismos para mantenerles mentalmente prisioneros y cohesionados dentro de sus respectivos sistemas de dominación. En realidad no importa que la ideología sea así, asao, sea un disparate o no: lo que importa es que exista en cuanto a elemento cohesionador y de atrapamiento emocional de las masas dentro del sistema que las domina. El enfrentamiento une, el sufrimiento de la lucha bien sea en persona o en la tele crea camaradería. La victimas crean odio y rencor hacia la otra parte y eso también une.

Dos sociedades buscando el pegamento que las haga cohesionarse en torno al poder de sus sacerdotes, ambas creyéndose ungidas por la mano de Dios, ambas creyéndose moralmente superior al resto, ambas internamente tocadas de muerte y a punto de pasar a la historia.

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  1. bianor
    Viernes, 3 de junio de 2011 a las 12:04 | #1

    También los españoles del imperio creían que eran los defensores los elegidos de Dios.Creo que fue Felipe II el que en la capilla del Escorial le preguntaba a Dios por qué lo había abandonado en la invasión de Inglaterra que era la aliada del demonio.La pérfida Albión.Nada nuevo.Los romanos se crían, a su modo, ungidos también.Yo ,educado-formado en las ciencias naturales biológicas, creo mas en la afirmación kafkiana de mi ser es miedo.Creo que es el miedo el que cohesiona las sociedades decadentes, ignorantes.

  2. Miércoles, 1 de junio de 2011 a las 08:05 | #2

    La libertad ese bien tan preciado y dificil de conseguir pero que una vez se saborea luchas hasta la estenuacion por conservarla. No hay nada que la supere porque, entre muchas otras cosas, te hace sentir libre, y eso repito no tiene precio.

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